Con una amplia mayoría de población musulmana, sus estrechas calles fueron la zona cero del desembarco de los migrantes que entraron en Ceuta a finales de julio. Es el barrio del Príncipe, junto a la frontera. Un lugar con ‘mala fama‘ que no escapa de los primeros puestos en las listas de barrios más peligrosos de España. Diríamos que es un lugar estigmatizado, pero Fátima cambia la palabra por «marginado«. La misma que usa Said para denunciar el olvido de los gobiernos. Ambos son directivos de la asociación de vecinos que, ante el desborde de las instituciones, ha acogido en un pequeño campo de fútbol a cientos de menores y mujeres: «Nos han quitado un mes de vida«, dice él.
«Yo llevo toda mi vida aquí y somos lo mejor. Nos ayudamos. Mira… hay gente aquí deambulando y nadie les está pegando ni maltratando. Al contrario, los estamos ayudando. Porque nosotros tenemos el deber de socorrer. ¡Imagínate si a esta gente tú no le das de comer! ¿qué hubiera ocurrido aquí? En toda Ceuta… porque estamos parando un impacto en toda Ceuta». Así lo cuenta Fátima, con su hiyab en la cabeza en pleno corazón de la barriada. Nos acompaña -por seguridad- Said, a quien hemos conocido en el polideportivo que en las últimas semanas ha acogido a medio millar de mujeres y niñas que llegaron, como los demás, tras echarse al mar en Marruecos y llegar a nado a la costa ceutí.




